Los sueños son y siempre fueron la base de todo gran logro en la humanidad, ¿Te has puesto a pensar alguna vez cómo sería tu vida ahora sin la luz eléctrica?, ¿Qué hubiera pasado si Thomas Edison no hubiera realizado 10,000 intentos por hacer encender su bombilla eléctrica?.

Todo lo que vemos a nuestro alrededor, en nuestro diario vivir, comenzó en algún momento con una idea, el sueño de alguien. Esas ideas se convirtieron en un proyecto y se fueron desarrollando hasta ser materializada.

Los sueños son lo que le dan vida a nuestro existir, a seguir adelante y no rendirnos ante las adversidades. Se dice que cuando dejas de soñar empiezas a envejecer, pues los sueños son los que te dan la energía para ir en busca de eso que más deseas en la vida. Son el combustible que te lleva a donde quieres estar en el futuro. Es por ello que, lo más importante para tu desarrollo personal es tener un sueño e ir tras él. Llámese viaje o cualquier otra cosa que quieras.

Si dejas de soñar, no sólo estás siendo egoísta contigo mismo, en realidad estás siendo egoísta con el mundo entero, porque tienes la capacidad de crear nuevas cosas, y no sólo objetos materiales, sino también conceptos, ideas, filosofías de vida, mecanismos, métodos, prácticas, técnicas, tácticas, estrategias que pueden cambiar la vida de alguien o la realidad del mundo entero.

Cuando me preguntan ¿Qué es lo primero que debo hacer para viajar? Siempre respondo:

SOÑAR!. Soñar con ese viaje que quieren, día y noche, segundo a segundo, casi hasta el punto de obsesionarse, desearlo con todas las fuerzas del alma y sobre todo, pensar que es posible. Como dice Paulo Cohelo, en su libro El alquimista: “cuando quieres realmente algo, todo el universo conspira para darte eso que deseas”. El dinero es un factor que facilita el camino pero no es el único mecanismo para conseguir un viaje o lograr un sueño.
La mayoría de personas creen que para viajar todo se resume a dinero y que como “no lo tienen” (en realidad si lo tienen y lo pueden conseguir pero no se han organizado), en consecuencia, no pueden viajar. Y no, no es así. El dinero es un factor que facilita el camino muchísimo y que incide en un viaje, claro está, pero no es el único mecanismo para conseguir un viaje o lograr un sueño. Ni es el que tiene que determinar si puedes o no conseguir tu sueño.

Todos los viajes que he realizado, los hice sin dinero. El dinero, es lo último que me ha preocupado. Primero, armo mi ruta, miro qué lugares quiero visitar, como esta el clima, que eventos hay… Luego, cuando ya he cotizado todo, ahí sí, empiezo a preocuparme por cómo conseguir el dinero o los medios para sustentar ese viaje. Porque primero creo y recreo mi sueño hasta el cansancio, pongo una fecha del día que voy a partir, sin importar si en ese momento tengo o no dinero y el día que llega me voy con lo mucho o poco que conseguí de dinero. Hay viajes que he planeado sin un centavo en el bolsillo o en la cuenta bancaria, sin trabajo o sin un ingreso que esté segura que va a llegar. Yo solo sé que es mi sueño y que lo puedo lograr, cueste el trabajo que me cueste conseguirlo. Y no porque sea difícil de conseguir, me echo para atrás. Por el contrario, me disfruto el proceso de conseguir ese viaje, aún con sus dificultades, porque planear es parte del viaje y teniendo la meta clara, se hace menos fuerte el esfuerzo del trabajo. Sin embargo, el placer de perseguir y trabajar para conseguir ese sueño no se encuentra solamente en la #meta.

El mayor placer se produce durante el camino y si ese camino es difícil, la meta sabe más a victoria, se disfruta más. He conocido personas que a pesar de estar viajando por el mundo, ni siquiera ese es su sueño (por ejemplo, mi papá). Viajar, para algunos es algo rutinario que ni siquiera despierta ningún tipo de emociones. Para algunas personas, viajar no es más que rayar una tarjeta de crédito o débito y un día más en la vida. Ni siquiera teniendo el factor dinero solucionado, sea porque alguien les financia el viaje o tienen la comodidad para pagar todo lo que quieran, se disfrutan un viaje o se sienten felices. Muchas veces, esto responde a que no
sienten victoria o una meta el estar ahí, porque fue fácil llegar ahí o implemente no lo ven como un sueño.

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Por eso, este artículo está dirigido a las personas que como yo, tienen el sueño de viajar y/o conocer el mundo. Esos que saben a qué me refiero cuando hablo de cumplir sueños viajeros. Esas personas que saben lo que es soñar con ir a ese punto “X” del mundo, que alguna vez vieron en fotografías o escucharon hablar de él y suspiraron. Ese lugar que desearon con todas tus fuerzas y tiempo después, fueron, lo visitaron y no podían creer que estaban ahí, esas personas que dijeron o pensaron: “¡Esto lo #soñé algún día!”.

Sin embargo, ese día no hubiese llegado si no se les hubiese pasado primero por la mente ese sueño, si no hubiesen concebido que era posible y luego, hubiesen encontrado un medio para llevar a cabo ese viaje. Porque los medios llegan o existen una vez tenemos una meta que creemos puede ser posible y le adjudicamos un medio. Ese medio puede ser fácil y rápido de conseguir o difícil de encontrar y tras persistir en más de una ocasión, a
veces, toda una vida. Pero no por eso deja de ser un sueño, no por eso se debe abandonar y no por ello, es imposible de realizar.

Alguna vez, en una playa, me senté a hablar con Roberto, un vendedor de coco, nos pusimos a hablar sobre los sueños y la vida, y me dijo: “¡usted es muy afortunada de poder viajar tanto señorita! y habla muy bonito, pero la realidad es que no todos podemos soñar con lo mismo, todos tenemos realidades diferentes”. Cuando me dijo eso, como en muchas otras situaciones y lugares en los que había estado compartiendo con personas de bajos recursos económicos, me sentí mal y un poco culpable al saber que yo podía disfrutar de ciertos privilegios y que otras personas no, aún siendo de ese lugar donde yo estaba disfrutando o mis propios familiares.
Me quedé pensando en ello todo el día, en las injusticias sociales, la desigualdad, las desgracias que le ocurren a unos y a otros no. Y llegué a la conclusión de que, si bien este planeta tierra es sumamente injusto en términos económicos y de oportunidades, algo en lo que todos estamos en el mismo nivel, sin importar la edad, género, condición socioeconómica, país, religión, raza o preferencia sexual… es ser libres de soñar, soñar lo
que queramos.

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Soñar es algo interno, que nace en el corazón, se cultiva en la mente y se crea a partir de pequeños actos. Por ello, no creo en la afirmación de que “no todos podemos soñar con lo mismo”, porque aún estando en prisión, en una guerra o en la miseria, ¡soñar es gratis! Y es tan nuestro como nuestros #pensamientos e ideas, está dentro de nosotros y nadie nos lo puede arrebatar mientras estemos vivos.

Cosa diferente es que en el proceso de crecimiento, la sociedad y nuestro entorno nos establezcan nuestros sueños, límites y nuestro ámbito de actuación y por eso, creamos que algo es imposible y que nuestros triunfos o desgracias, dependen de un factor externo, como el dinero, nuestros padres, el gobierno o nuestra pareja. Por lo que, perdemos parte de la capacidad que teníamos de soñar e imaginar como cuando éramos niños.
Tener un sueño es la base de tus metas y tu desarrollo personal, pero también es cierto que los sueños sin acción no llegarán por sí solos. Soñar no es suficiente. Se debe visualizar, sentir, vivir, y crear en nuestra mente una realidad que aún no existe, incluso cuando estamos despiertos.

La acción es lo que determina la calidad y la cantidad de resultados en la vida de cualquier persona. Pero, ¿qué es lo que precede a cualquier acción? ¿Qué determina cómo nos comportamos y en definitiva cuál es nuestro destino último en la vida? La respuesta es, el PODER DE LA DECISIÓN.
Este es el verdadero factor diferencial en el #mundo y en las realidades de las personas.

Pues son muy pocas las personas que se han parado realmente a reflexionar sobre el increíble poder que tenemos todos y cada uno de nosotros, en base a la capacidad de decisión que poseemos. Hemos de tomar conciencia de que son nuestras decisiones las que en última instancia forjan nuestro destino.

Existe un paso que cuando se afronta con verdadero compromiso, marca una tremenda diferencia: el paso de comenzar a tomar decisiones poderosas en sintonía con nuestros sueños y aspiraciones.

Si tienes un sueño, y crees en él, no lo dejes para después. Uno de los peores enemigos de tus sueños es postergar la acción.

Blog

Paula Velandia

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